Moscú, 25 oct (PL) La exitosa reinserción de Rusia en el mercado mundial de armamentos en los comienzos del siglo XXI desespera a las élites gobernantes de Estados Unidos que recurren hoy al juego sucio como tabla de salvación.
Las ganancias de los fabricantes norteamericanos de medios bélicos se ven diezmadas de manera significativa ante la competitividad creciente de la industria rusa, en franca recuperación del descalabro en que cayó tras el desmoronamiento de la Unión Soviética.
Sanciones impuestas esta semana al único intermediario ruso en el comercio de armas constituye la zancadilla más reciente de Washington a Moscú, en acto calificado de competencia desleal por la corporación estatal Rosoboronexport.
El portavoz de esa empresa, Viacheslav Davidenko, afirmó que Washington ve en Rusia uno de los pocos países capaces de retarlo en el mercado mundial de armamentos.
En un comunicado oficial, la administración norteamericana informó que desde el 23 de octubre el consorcio ruso está sometido a represalias al igual que otras 12 compañías de Venezuela, Siria, irán, China, Corea del Norte, Sudcorea, Sudán y Emiratos Árabes Unidos.
La Casa Blanca justifica estas medidas válidas por dos años con la ley norteamericana denominada Acta de no proliferación hacia Irán, Corea del Norte y Siria.
Acusa a las empresas sancionadas de supuestas actividades relacionadas con los suministros a esas naciones de “equipos y tecnologías susceptibles de ser utilizadas en la creación de armas de destrucción masiva, misiles balísticos y de crucero”.
De acuerdo con el texto, el gobierno estadounidense prohíbe cerrar acuerdos con los consorcios incluidos en la denominada lista negra, venderles mercancías de uso militar y expedirles nuevas licencias de exportación de productos sujetas a control gubernamental.
Ante tal arbitrariedad, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, advirtió que esa acción perjudicará los vínculos bilaterales. El jefe de la diplomacia del Kremlin consideró equivocados a quienes piensan que con esas medidas violatorias del derecho Internacional Moscú se plegará a la posición de la Casa Blanca en relación con el programa nuclear iraní.
Aclaró al respecto que la Federación de Rusia y Teherán cooperan en estricta consonancia con las leyes internacionales, en alusión a la central nucleoeléctrica de Busher que expertos rusos construyen en ese país, y a cohetes antiaéreos defensivos TOR que irán compró a Rusia.
Medidas similares ya fueron impuestas en julio y diciembre de 2006 contra Rosoboronexport y las empresas rusas productoras de armamento de Tula y Kolomna.
En la base del problema está el auge sostenido del comercio militar ruso, cuyas ventas a extranjeros crecieron 23 por ciento respecto a los primeros nueve meses de 2007, según el subdirector del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar, Konstantin Biriulin.
Ese año finalizó con un total de ventas valoradas en siete mil 400 millones de dólares, mientras que para 2008 existe el encargo gubernamental de escalar hasta los ocho mil millones de unidades de esa divisa, dijo Biriulin.
Al comparar estos dígitos con los seis mil 130 millones de dólares considerados un éxito rotundo en el balance de 2005, se evidencia la cuota de mercado que el consorcio estatal ruso ha reconquistado.
Estados Unidos fue el líder indiscutible de esta rama en el último quinquenio del siglo XX con ventas que rebasaban los 53 mil millones de dólares, mientras que el país más extenso del planeta apenas frisó los 16 mil millones de esa divisa.
Pero en el lustro transcurrido desde 2002, mientras las ventas rusas fueron de 26,9 millones, Washington exportó armas y material de guerra valoradas en mil millones menos, seguida por Francia (6,3), Alemania (4,8) y Gran Bretaña (4,4).
Como represalia, a inicios de 2007 la Casa Blanca sumó nuevas sanciones a las que ya había decretado en agosto de 2006 contra la corporación aeronáutica Sujoi y el propio Rosoboronexport.
Se mantuvo el castigo para esta última empresa con el argumento de que realizaron transacciones con países incluidos en listas negras por el departamento de Estado como Irán, Siria y Venezuela.
Pero la respuesta rusa no se hizo esperar, y horas después entregó a Irán modernos sistemas de defensa antiaérea.
Se trata de cerca de 30 complejos coheteriles TOR-M1 no estratégicos, contratados a Rusia desde fines de 2005, por un costo cercano a los mil millones de dólares.
Con esta operación, el Kremlin ratificó la voluntad de no ceder ni un ápice en la reconquista de un mercado donde es líder como en el de los energéticos.